¿”Te la crees o no te la crees”?

Cómo nos valoramos... o no...

Hace poco, escribí sobre el Síndrome del Impostor.  Ayer, una paciente lo trajo a cuento de lo que estábamos tratando y le dije que mi conclusión era que los que lo padecen son los que NO deberían, ya que son aquellas personas que tienen capacidad, responsabilidad y ética.

Justo unas horas después, leo sobre el Efecto Dunning-Kruger: un sesgo cognitivo por el cual alguien sobreestima sus conocimientos y habilidades, además de que no comprende (aunque se lo expliquen) el nivel de su incompetencia.

En cambio, las personas competentes pueden llegar a pensar que las tareas son fáciles y que los demás también son capaces de realizarlas, por lo que las desestiman.  El efecto en ambas es que esa falta de autoconciencia impide que se evalúen de forma precisa.

Cuáles son las consecuencias.

Recordé que, en mi juventud, en una sesión con una psicóloga, me quejé de las pocas cualidades que tenía.  Antes, había contado algo que pude resolver naturalmente en el trabajo.  Ella me preguntó si me daba cuenta de la forma en que lo solucioné.  Le contesté que era sencillo, que lo podía haber hecho cualquiera y sonrió: “Lo que es fácil para ti no lo es para los demás”.

Me hizo ver que yo tenía muchas cualidades que daba por hecho y que eran muy dificultosas para los otros.  Me ayudó a reconocer y valorizar los dones que traía. Con el tiempo, entendí que eso le sucedía a muchas personas… y también al revés.

Observaba personas con poca educación (habían hecho un par de cursitos) y poca capacidad publicitándose en las redes como expertas.  ¡Y les iba bien!  Ellas se veían a sí mismas así (o no les importaba fingirlo) y eran “exitosas”.

La mayoría de la gente talentosa que conozco “no se la cree”.  Está parada sobre una mina de diamantes y piensa que vale como baratijas.  Una me dijo que tenía miedo de que los demás creyeran que era soberbia o que tenía delirios de grandeza.  Le dije que no sería el caso, porque ella era humilde y enraizada, pero que, si sucediera, ese límite la haría reconsiderar y ubicarse.

Qué actitudes puedes tomar.

La mayoría tenemos una mezcla de Síndrome del Impostor con el Efecto Dunning-Kruger, en distintas épocas de la vida, temas, relaciones, etc. Algunos comportamientos que ayudan son:

  • Cuestiona lo que realmente sabes y presta atención a los distintos puntos de vista que otros poseen, sé humilde.
  • Fomenta la curiosidad, date cuenta de la complejidad de los asuntos y busca llegar a un entendimiento que expanda lo que ya sabes, incluyendo distintas perspectivas.  Prioriza seguir aprendiendo y desarrollándote.
  • Busca retroalimentación en personas confiables y que tengan experiencia en lo que te interesa, déjate apoyar.
  • Permanece abierto a la crítica constructiva y resiste el impulso de ponerte a la defensiva o discutir inútilmente, cerrándote a opiniones que pueden ayudarte a progresar.
  • Toma conciencia de lo que sí sabes, de tus dones y cualidades, de lo que te sale fácil, de lo que los demás alaban o buscan en ti.  Valora e incrementa esas posibilidades, susténtate en ellas para evolucionar, ya que son la base de tu crecimiento. Da y recibe.

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