Vives atravesado por estímulos que no conoces y te manejan.

Aprende y fluye.

No somos conscientes de la impresionante cantidad de estímulos que nos atraviesan sin parar.  El cerebro filtra la mayoría de la información sensorial para que solo lo relevante llegue a la conciencia y evitar la sobrecarga, pero tiene sus complicaciones.

¿Cómo el cerebro depura la información?

Controla las funciones vitales: regula procesos automáticos como la respiración, el ritmo cardíaco y la digestión, refinando constantemente información para mantenerlos funcionando sin intervención consciente. 

Prioriza lo importante: funciona como una estación de clasificación que envía información sensorial (visión, oído, tacto, etc.) a la corteza cerebral solo si es relevante. Esto permite centrarse en una tarea sin distracciones. 

Filtra el ruido sensorial: este proceso evita que la mente se abrume con información irrelevante del ambiente, permitiendo mantener la concentración y la toma de decisiones. Por ejemplo, aunque nuestros oídos captan multitud de sonidos, solo el cerebro decide cuáles son lo suficientemente importantes para que los escuchemos activamente. 

Aunque damos por sentado que estos filtros actúan siempre, muchas personas pueden tener problemas para lograrlo.  Las del espectro autista o las hipersensibles o quienes estén pasando por ansiedad o depresión, por ejemplo, tienen dificultades para tamizar esta multitud de estímulos, sobre todo los externos. 

La sociedad no considera importante el daño que provocan, sin tener en cuenta los ruidos como los del tráfico (bocinazos, motores, silbatos de agentes de tránsito), las alarmas de autos y estacionamientos, los ladridos de perros, y otros que son muy estresantes y que deberían ser atendidos. 

¿Qué otras cosas fundamentales nos impactan?

Como vivimos en la mente, bombardeados por pensamientos, no advertimos que estamos interactuando con las auras de todas las personas que tenemos cerca.  En un radio de unos tres metros, estamos dando y recibiendo información de todo tipo, sin siquiera conectarnos con ellas. 

Es un proceso automático, en el que “encastramos” nuestro diseño al de los demás, influenciándonos mutuamente en temas tales como las ideas, las dudas, los miedos, las ansiedades, los malestares, la identidad, la dirección, las presiones, la energía, las emociones.

Todos son importantes, pero las emociones son un punto clave.  Cualquiera ha sentido cómo una persona puede afectar su entorno solo con su presencia o sus palabras, elevándolo brillantemente o hundiéndolo oscuramente, llevando a los demás a que su día sea bueno o malo conforme a su impacto.

Diseño Humano explica claramente estas interacciones y cómo somos antenas receptoras o emisoras de acuerdo a nuestro diseño individual, al igual que la forma de responder a ello.  También, señala cómo los neutrinos de los planetas impresionan en nosotros astrológicamente de maneras contundentes.

¿Qué puedes hacer?

Comienza por tomar conciencia de estas interrelaciones.  Al estar en automático, reaccionas mecánicamente; vives enojado, frustrado, debilitado; te culpas o echas culpas; te encierras; te sobrecargas, te dejas llevar por los demás, etc.  Si puedes darte cuenta, estarás mejor preparado para manejarlo y tomar medidas.

Sé más amable contigo mismo.  Como verás, hay muchos estímulos a considerar y concentrarte en uno o creer que hay algo malo en ti o aislarte no funciona.  Más bien, aprende a conocerte, a contenerte, a bajar el estrés, a suplir tus necesidades, a reforzar tu autoestima, a explicar a los demás tus particularidades, a ayudar a crear un ambiente más amigable.

Trata de mantener una actitud observadora, fluyente, date cuenta lo que te atraviesa, pero no lo retengas, no pongas toda tu atención y te obsesiones o te pierdas en eso.  Enfócate en lo que deseas, en lo mejor de ti mismo, en una actitud amable y auténtica, en las señales que te sirven.  Acepta el resto, sin luchar contra ello.

Para saber cómo interactúas con otras auras, haz tu Carta de Diseño Humano.

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