¿Y si la memoria te está jugando en contra?

Aprende la lección.

Un paciente nuevo, cada vez que le pregunto acerca de una actitud o le cuestiono una idea, indefectiblemente me responde con frases tipo: “mi padre me decía / cuando tenía ocho años / mi mamá a los tres me hizo…”. Tiene una memoria impresionante y todo lo refiere al pasado.


La excusa.

Es cierto que podemos rastrear el origen de lo que nos sucede en nuestra infancia y adolescencia (y, más aún, en vidas pasadas), pero la permanente memoria de ello no nos ayuda en nada. Es, por un lado, una carga difícil de soportar y, por otro, una excusa para seguir haciendo lo mismo.


Un ejemplo: mencionó que se había enojado con el administrador del edificio porque “justificaba” su mal proceder con explicaciones del pasado… lo que él estaba haciendo. Justificar es uno de los peores hábitos que podemos tener hacia nosotros mismos. 

Nos defendemos, nos disculpamos, nos excusamos, nos salvamos con explicaciones para no responsabilizarnos. Lo aprendemos rápidamente de los padres y se torna en la cantinela habitual frente a cualquier cosa: “lo que pasa es que mis padres (o cualquier sujeto vivo o muerto) / que nunca pude / que cuando tenía cinco años / que soy inconstante (o cualquier actitud) / que… (¿cuáles son las tuyas?).


La lección.

Hay una tendencia notoria a poner en la memoria lo malo y lo bueno de los acontecimientos. Se dice que “los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla”. No estoy de acuerdo con esto. Una pequeña reflexión: cuando te sientas en tu automóvil, ¿tienes que recordar cómo se conduce o ya es parte de ti y simplemente lo haces? A un nivel más profundo: si has pasado por un hecho fundamental y has aprendido de ello, ¿necesitas acordarte cada día o ya sabes que no tienes que volver a tropezar con la misma piedra?


Y si te caes con la misma piedra, ¿es a causa de que tienes mala memoria o de que no has aprendido la lección? Creo firmemente que es por esto último. La razón por la que, como individuos o como humanidad, seguimos repitiendo los mismos errores es porque todavía no hemos aprendido e incorporado nuevas actitudes y vivencias. Una vez que algo es comprendido profundamente y se lleva al cuerpo, a la carne, no hay necesidad de rememorar nada más. El propósito de la memoria ha sido cumplido y el recuerdo es desechado o pierde su carga emocional.


Los genocidios recurrentes en nuestra historia no se deben a que nos olvidamos de ellos sino a que, como humanidad, seguimos creyendo en el conflicto y en la violencia como solución al mismo. Míralo en tu vida cotidiana: ya sabes que determinada acción traerá determinada consecuencia, pero la sigues repitiendo.

El origen.

¿Comprendes porqué la haces? ¿Le echas culpas a tu infancia o a tu actual situación? ¿Crees que eres incapaz de afrontarla o de solucionarla? ¿Te resignas? ¿Hablas y te quejas pero no haces nada concreto y efectivo? Cuando ya no das más, ¿te peleas o agredes a los “culpables” o a cualquiera que esté a mano? Si ves a alguien en un predicamento parecido, ¿lo criticas, te enojas, lo humillas, lo aleccionas, se lo solucionas? Proyectas…


¿Cuál es el origen de esto? Según mi parecer, está en un malentendido común: venimos como una hoja en blanco y “los demás” nos “ponen” los datos del sistema; así no tenemos más remedio que jugar con las cartas que nos “tocan” y “luchar” como el resto para recoger las migajas de la vida o manipular vilmente para “hacerla” a lo grande. Es lo que quieren hacerte creer…


¡Despierta! Traes luces y sombras. Son el material sagrado para crear una existencia de belleza, amor, paz, poder, abundancia y creatividad. ¡Comprende! Aprende, perdona, olvida y permanece en el presente. ¡Vive!

Comparte:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

captcha

Sobre Diseño Humano

No te pierdas ninguno.

Suscríbete al boletín semanal

Recibe un email semanal con consejos, reflexiones y recursos, directamente en tu casilla de correo.

Categorías

Sígueme