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¿Transformas lo que es Servicio/Ayuda?

Hace muchos años, en un retiro, tuve una experiencia que cambió mi concepción de  lo que era servicio.  En ese momento, me estaba planteando el tema porque me daba cuenta de que no estaba haciendo lo que era mejor para todos.  Oscilaba entre perderme en los problemas de los demás o retirarme totalmente, dar demasiado o no lo necesario, querer controlar o tener expectativas sobre lo que brindaba y otros asuntos asociados.

En ese retiro, después de una de esas vivencias abismales y arrolladoras que sobrevienen sin la decisión del Ego sino del Alma, comprendí dos cosas.  Una fue que, cuando yo no valoraba mi individualidad y lo que producía, los demás perdían una preciosa contribución.  En mi inseguridad y baja autoestima, yo me retraía creyendo que no tenía nada valioso que ofrecer.  Todos traemos algo único y fructífero y, cuando lo damos, no solo enriquecemos al mundo sino que abrimos la puerta a nuestro potencial de ser auténticos y extraordinarios.

La otra cosa que aprendí fue que hacer servicio es, primero, evaluar si lo mejor es aportar o no y, de decidir que sí, es aportar y retirarse.  Me explico: cuando hacemos algo por el otro, le estamos evitando que lo haga él.  Esta obviedad no es inocente, ya que el otro no aprende a realizarlo, no se hace fuerte ante las dificultades, no desarrolla paciencia ni perseverancia, no encuentra su particular forma de afrontar las situaciones, no se conoce, no llega a completar su misión de vida.  Todo eso no sucede porque nosotros hacemos por él.  Esto pasa con frecuencia con padres que quieren evitarles dificultades a los hijos, en nombre del amor, y terminan criando personas débiles y dependientes, que finalmente caerán ante lo inevitable con pocos recursos en su interior (y exterior).

Muchas veces, el mejor servicio es corrernos y dejar que el otro aprenda.  Como mucho, podremos aconsejarlo o apoyarlo, pero nunca hacer lo que debe hacer por sí mismo.  En el caso de que decidamos que es necesario ayudar, debemos actuar y retirarnos, dejando que lo resuelva a su manera, no a la nuestra, sin llenarnos de expectativas o exigencias.

Hacer servicio hace sentir mejor al que da que al que recibe.  Y, generalmente, es más una intervención del Ego que del Alma.  En nuestra sociedad, el dador es percibido como el que tiene poder.  Por eso, es común que cree resentimiento y desagradecimiento, ya que el que recibe se siente incapaz e insuficiente y “traiciona” para cortar la sensación de inferioridad.

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Por otro lado, muchas personas dan porque inconcientemente esperan recibir.  No han obtenido lo necesario en su infancia y se convierten en “dadores universales”, con la secreta esperanza de que le den lo que nunca recibieron, obteniendo poder y reconocimiento en el proceso… hasta que la máscara cae y se encuentran sin sustento interno y solas.

Otro aspecto de este tema son las personas que hacen servicio social, llevando a ese terreno sus propias heridas sin sanar.  En su intento por “salvar” a los demás, los victimizan sin enseñarles verdaderamente a revertir las situaciones.  Nadie puede enseñar lo que no aprendió…  Como es innegable, el ayudar está relacionado íntimamente con el ser espejos unos de otros.

En la Vieja Energía, en donde la conciencia no estaba muy desarrollada, debían existir maestros, gurúes, autoridades, socorredores, que nos dijeran cómo ser y qué hacer y nos auxiliaran.  Con el tiempo, esto se fue convirtiendo en dependencia y hasta abuso.  Estamos en la Nueva Energía: ahora depende de nosotros.  Creo que estamos en una época en la cual cada uno debe encontrar el valor de ser quien es, de hallar su camino individual, de saber que posee todo lo necesario para emprenderlo, de que puede pararse sobre sus propios pies arraigado a la Madre Tierra y con el corazón guiado por su Ser.

No somos víctimas.  Cada aparente problema o carencia que atravesamos está ahí para enseñarnos a encontrar nuestro poder creador y constructor.  Tengamos un año u ochenta (el Alma no tiene edad).  Tomemos conciencia de ello y comencemos por nosotros mismos, resolviendo nuestros conflictos.  Si es necesario, al comienzo, solicitemos asistencia a quienes nos puedan enseñar recursos internos sólidos y perdurables, sin dependencias.  A medida que estemos más claros y empoderados, podremos aportar a ayudar a los demás a que lo consigan por sí mismos.

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