
Es interesante que la sociedad no enseñe cómo movernos en el área de los sentimientos. Todo está apuntado a lo mental, no solo para llenarnos de información (que luego casi ni usaremos), sino también para resolver conflictos con nosotros mismos o con otros.

Todo es mente. Este mantra es la base de la cultura. Pero, resulta que tenemos un cuerpo (o somos un cuerpo), que siente. Y parece que no importa, que debemos acallarlo con pastillas o anestesiarlo, así no molesta.

La forma más fácil de lidiar con esas emociones termina siendo externarlas (generalmente, con ira, con palabras agresivas o hirientes) o internalizarlas (sin elaborarlas o comprenderlas). O explotamos o implosionamos.

Un tema siempre pospuesto es aprender a manejar las emociones (nadie lo sabe realmente): qué sentimos, cómo expresarlo, creer que tenemos derecho a manifestarlas, sin lastimarnos ni lastimar.

El 50% de las personas son prácticamente analfabetos emocionales (los que tienen el Centro del Plexo Solar Sin Definir), pero a todos nos cuesta mucho. Autocontenernos, con amabilidad, con compasión, mientras lo vamos haciendo es muy importante. Sin explotar afuera y sin juzgarnos por dentro. Con ternura.

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