
Nos estamos desconectando de lo que conocemos y, como todavía no estamos firmemente anclados en lo nuevo, fluctuamos entre dos mundos. El cuerpo físico es uno de los que más cambios debe realizar y por eso debemos aceptarlo y darle lo que necesita: descanso, cuidado, respeto.

Estamos en otro tiempo, uno lleno de nuevos recursos y sencillez. La Conciencia es una forma más creativa, gozosa, plena, integrativa y luminosa de acceder a niveles cada vez mayores de evolución.

Alrededor de los ocho años, a través de algún hecho traumático o de una situación fuerte o de una serie de acontecimientos, nos despertamos a la vida en la Tierra, a la realidad de nuestra familia, a nuestro papel en ella y en el mundo, a la posibilidad de la muerte. Dejamos atrás la infancia ligada a la otra dimensión.

La visión pequeña, carente, limitada y victimizada del Ego debe ser reemplazada por una mirada integrativa y espiritual. La conexión con nuestra Alma nos llevará a encarnar nuestro potencial y a crear la vida que está disponible para nosotros. La clave es liberar las experiencias y nutrir los aprendizajes que nos trajeron, vibrando en el Amor que somos.

Madurar es afirmar quienes somos y sobrellevar la falta de reconocimiento, la crítica, el enojo, el desagrado, quedar mal, ser raro.

Madurar es afirmar quienes somos y sobrellevar la falta de reconocimiento, la crítica, el enojo, el desagrado, quedar mal, ser raro.

Madurar es afirmar quienes somos y sobrellevar la falta de reconocimiento, la crítica, el enojo, el desagrado, quedar mal, ser raro.
