El futuro ya está aquí y no es lo que esperamos.

Pero podemos hacer algo... por nosotros.

Estaba en un supermercado, esperando que me entregaran un pedido, y un atisbo de futuro se apareció ante mí: mientras acomodaba los productos, una madre sacó a su niña de unos dos o tres años del cochecito y la sentó a mi lado; le preguntó si quería unos libritos para mirar o el celular y ella le dijo que no, insistió y la nena le dijo que quería un tubo con unos papeles de regalo que habían comprado.

La madre se lo dio y ella quiso abrirlo, a lo que se negó, porque dijo que los rompería.  Entonces, fue por su padre, que sí lo hizo…  y ella procedió a romperlos.  Me dieron el pedido y me fui, pero me quedaron una serie de preguntas.

La atención dispersa.

En principio, ¿por qué tenía que ofrecerle algo para entretenerse?  Serían un par de minutos.  ¿No podía observar lo que sucedía, hablar conmigo o con los padres, quedarse sentada?  Era obvio que la niña estaba acostumbrada a estar con la atención en algo fuera de ella (pantallas) o a ser distraída por los demás.

Si a esa corta edad, ya tenía esa conducta, ¿qué se puede esperar cuando sea más grande?  Actividad constante, atención nula, aversión al aburrimiento, falta de conciencia de sí, búsqueda de interés en el exterior, dependencia en muchos sentidos, etc.

Es obvio que los padres están alentando ese comportamiento, que se volverá en su contra más adelante.  Normalizar las pantallas y redes sociales desde bebés, filmarlos como centros constantes de atención, no permitirles aburrirse, darles todo lo que quieren, no poner límites son actitudes que no los ayudan.

Principalmente, no los ayudan para el mundo que viene.  Creo que será uno difícil, competitivo, exigente, cambiante, que requerirá mucha observación y adaptación continua.  Además, será necesario saber manejar las emociones, tener puntos de vista propios, ser auténticos, navegar las variaciones e innovaciones, etc.

Veo lo contrario: las bajadas de línea evidentes (a las que la mayoría adhiere sin crítica), la pobreza cultural, el dominio de lo tecnológico sobre lo demás, el trabajo sin descanso, la falta de tiempo e intereses propios en manos del FOMO (el miedo a perderse algo, que hace que nos embarquemos en cualquier cosa), la carencia de escucha interna y de contacto con nuestra esencia.

Ser únicos.

Hay que moverse, hay que sobrevivir, hay que estar actualizado, hay que seguir los estándares cambiantes, hay que…  Todos vivimos así.  El tema es que soy observadora y tengo muchos años viendo cómo se gesta la tormenta perfecta, esa en la que nos perdemos a nosotros mismos.

El futuro es Individual, pero, hasta que lleguemos ahí, es egoísta y manipulado por los remanentes del poder de la tribu.  No apoyan más que sus propios intereses y los otros son peones de sus designios.  ¿Cómo salir de ahí?

Es también una solución individual.  No es colectiva, no habrá un líder o un sistema o una religión que nos salve (ni extraterrestres o seres de luz).  Es conectar con nosotros mismos y enseñarles eso a los más jóvenes.  Tenemos las herramientas, pero no las usamos.   Ya somos, pero no lo sabemos o no lo creemos. 

Esperamos que el afuera nos dé respuestas o recursos.  No sucederá, a menos que le convenga.  Es una labor personal.  Al enlazar con nuestra esencia, fluiremos con Todo Lo Que Es, aparecerá lo que necesitamos, nos vincularemos con las personas adecuadas, seremos cada vez más Luz.

Haz la Carta de tus hijos y nietos: una guía práctica para que sean ellos mismos, con sus propias herramientas y potenciales.

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