
Aprendí esto hace décadas, pero, como la evolución es una espiral, vuelve cada tanto para recordármelo.

Nos enseñan que hay que luchar para lograr algo, que cuanto más esfuerzo pongamos, más valorable es. Ya terminó esa concepción, pero la seguimos sosteniendo como sociedad.

Lo que aprendí es que, cuando aceptamos lo que es, lo que hay, lo que sucede, sin querer negar, destruir o sacar lo que no nos gusta, la lucha que implica esa actitud termina.

Al aceptar (no resignar ni conformar), podemos encontrar otras posibilidades, que permanecen ocultas cuando solo estamos batallando contra algo. Ese mundo nuevo surge cuando dejamos atrás el viejo.




