
Alguien comentó esta frase de algún escritor y me pareció una síntesis perfecta de algo que vengo pensando hace tiempo. Siempre, me resulto una incógnita la razón por la que, aunque transitemos enfermedades (o situaciones o relaciones) francamente penosas, hagamos muy poco o nada por resolverlas. Pero, si la dolencia es un cáncer o algo que pone nuestra vida en riesgo, entonces haremos cualquier cosa para salir de ella.
Por lo tanto, si la circunstancia es soportable, la seguiremos aguantando hasta que se transforme en intolerable o mortal y ahí recién nos moveremos. Es la vieja “estrategia” de aprender a través del sufrimiento. En estos tiempos de recogimiento, de convivencia forzada, de soledad, de lo que le toque a cada uno, tenemos las dos posibilidades muy claras: o llevamos las cosas al extremo y la vida tomará decisiones irreversibles e implacables o reconocemos los cambios que debemos hacer por medio de la conciencia y los vamos concretando guiados por nuestro interior. Te acompaño en la luminosa, la segunda…





2 respuestas
Excelente reflexion
Me alegra que te sirva, Alejandro!
Te mando un cordial abrazo.