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¿Entregaste tu poder y tu propósito? ¡Desátate!

Profundizando una entrada anterior, me gustaría reflexionar sobre un aspecto que se nos escapa cuando analizamos cualquier tema: estamos inmersos en sistemas.  No nos damos cuenta de que “normalizamos” el entorno y así nuestras perspectivas están acotadas a lo que conocemos, lo que nos impide horizontes más amplios y plenos.

Comencemos por el que más nos afecta y forma: la familia.  Lo que creemos sobre nosotros mismos y sobre el mundo fue impreso por nuestros padres.  Si ellos tenían una mala relación o conflictos personales o laborales, nuestra percepción será profundamente marcada por eso.  Si nuestra madre era insegura o ausente,  nuestra confianza será reducida, por ejemplo.  Si tomamos conciencia de la historia familiar, será más fácil salir del círculo vicioso que se perpetúa de generación en generación.

La sociedad ejerce una influencia poderosa; sin embargo, no nos planteamos cuánto de lo que vivimos está marcado por ella.  Imaginar cómo sería nuestra existencia si estuviéramos en otro país, otro continente, otro tiempo incluso, nos pone en un contexto diferente.  Lo que ahora consideramos normal (y, por eso, establecido y tradicional) no es más que un resultado histórico particular, no lo que “debe de ser”.

La religión es un influjo omnipresente, aún en aquellos que se dicen agnósticos o ateos, porque ha determinado a la sociedad de formas indelebles.  El cristianismo, el budismo o el islamismo crearon improntas muy distintas y estamos todos afectados por ellos.

En cada ámbito laboral, hay un sistema inherente que moviliza nuestro inconciente.  No es lo mismo trabajar en una multinacional, que en un hospital, que en las fuerzas armadas, que en la justicia, que en el campo, que ser autónomo.  Cada uno tiene sus propios horarios, jerarquías, personalidades afines, premios y castigos, mensajes subliminales, metas, manipulaciones, etc.

manos desatadas

Esto es más importante de lo que pensamos, porque implica que nos adaptamos y funcionamos acondicionados, creyendo que así son las cosas.  Si nos salimos de  la caja cuadrada en la que nuestra percepción se mueve prisionera, muchos recursos valiosos pueden surgir.

Tendemos a considerarnos entes pasivos en medio de sistemas predeterminados.  Así, perdemos poder y propósito.  Al primero lo entregamos sin oposición y al segundo lo dejamos en manos de otros.  No es extraña entonces la frustración y el vacío crecientes.  Cuando nos vemos como centro de nuestro mundo (no del mundo), recuperamos nuestra originalidad y valor.  Podemos decidir por nosotros mismos, aún en las condiciones más arduas.  Y siempre encontrar caminos personalizados dentro del conformismo generalizado. 

Es muy necesario abrir los ojos a lo que nos es dado y encontrar nuestra propia voz.  Estamos en tiempos de cambio.  Y tú eres el cambio que estás esperando.  Haz tu luminosa tarea.

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