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No tengo tiempo para mí (la excusa de no comprender el potencial de la Conciencia)

 

Cuando les doy a mis consultantes algún “deber para el hogar” (una tarea para observar, reflexionar, realizar), unos cuantos me dicen que no pudieron hacerlo porque no tuvieron tiempo.  Ese es un gran malentendido: no hay que hacer tiempo, TODO EL DÍA es el tiempo…

 

Andamos corriendo de un lado a otro, llevados por las actividades, inconscientes de lo que estamos promoviendo. La verdad es que somos reactivos; vivimos reaccionando con nuestras actitudes ya aprendidas y formadas desde la niñez hacia cualquier cosa que se nos presenta.  Transformamos lo nuevo en viejo en el instante en que se presenta y luego nos quejamos porque siempre pasa lo mismo.

 

La única forma de incorporar (verbo crucial: no hay cambio hasta que lo mental pasa a lo corporal) algo distinto es utilizando la conciencia.  Al estar alerta, al darnos cuenta de que estamos pensando/sintiendo/haciendo lo habitual  y repetitivo, lo que nos hace daño, lo que nos limita, lo que sea, lo cancelamos y activamos lo nuevo, lo que queremos que sea nuestro presente, nuestra realidad del ahora.

 

¡Es tan simple!  Y  esa es una de las razones por la que no lo hacemos.  La mente/el ego quiere complicaciones, quiere métodos de muchos pasos, quiere gurúes y técnicas reconocidos, ya que debe ser importante, trascendental… para luego no usarlo porque es complicado…

 

cambio del control del ego a guía del alma

 

Estas trampas no hacen más que hundirnos cada vez más en sistemas de pensamientos, en conductas, en emociones que nos perjudican y que hace tiempo ya no vibran con nosotros pero las seguimos manteniendo porque vivimos como caballos con anteojeras, dando vueltas a la noria, ensimismados en la nada misma.  Cuando la conciencia nos guía, es posible la transformación.

 

Un ejemplo: eres exigente y perfeccionista (aspectos del miedo de la Puerta 18 del Bazo a la autoridad, a no ser perfecto).  Temes realizar cosas nuevas; te criticas constantemente (y criticas a los demás); te pierdes en detalles sin importancia y no ves la excelencia de lo que has hecho.  Al observar esta reacción con tu percepción alerta, puedes respirar, exhalar (diciendo “¡Cancelado!”, por ejemplo) y enfrentar tu miedo con una nueva actitud: “Soy Perfecto ahora.  Mis “errores” son catalizadores para mi crecimiento y ¡disfruto trayendo más y más alineación con mi Divinidad en mi vida!”.   Te relajas, terminas tu tarea en el punto en que consideras necesario (sin culpas, temores ni descontentos), continuando hacia la próxima.  Si eres constante en tu proceder, poco a poco tu pauta (antes sufrida pasivamente) te permitirá ahora expandir tu evolución con alegría.

 

No necesitas tomarte un tiempo “extra” (aunque sería importante que consideres el tener tus momentos para reflexionar, conectarte, meditar, agradecer, mimarte, lo que sea necesario para ti).  Si aprendes a vivir en conciencia, en presencia, en el aquí y ahora, todo será nuevo, estimulante, oportunidades constantes de descubrirte, de desarrollarte, de aprender, de dar y recibir, de hacer conexión con Todo Lo Que Es en sus múltiples aspectos.  Respira.  En cada inhalación tienes la nueva posibilidad de re-crearte.  Estás renaciendo en cada respiración y Dios/Diosa te insufla Energía de Luz y Amor en ella.  ¡Disfrútala!

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